Fanfarlo
“…-Entre nosotros, dicho sea de paso, no se aprecia lo
suficiente el arte de la danza. Todos los grandes pueblos, primero los del
mundo antiguo, los de la India y Arabia, la cultivaron tanto como a la poesía.
Para ciertas organizaciones paganas, la danza está por encima de la música, así
como lo visible y lo creado están por encima de lo invisible y de lo increado.
Sólo podrán comprenderme aquellos a quienes la música evoca ideas pictóricas.
La danza puede revelar todo lo misterioso que hay en la música, y posee además
el mérito de ser humana y palpable. La danza es la poesía con brazos y piernas;
es la materia, graciosa y terrible, animada, embellecida por el movimiento.
Terpsícore es una musa del sur; supongo que era muy morena, y que a menudo
agitó sus pies en los trigales dorados; sus movimientos, llenos de una cadencia
precisa, son otros tantos motivos divinos para la estatuaria. Pero Fanfarlo la
católica, no satisfecha de rivalizar con Terpsícore, invocó en su ayuda todo el
arte de las divinidades modernas. Las nieblas mezclan formas de hadas y ondinas
menos vaporosas y menos indolentes. Fue, a la vez, un capricho de Shakespeare y
una bufona italiana.
El poeta estaba encantado: creyó tener frente a sus ojos el
sueño de sus días más lejanos. Con gusto hubiese saltado en su camarín de una
manera ridícula, y se hubiese partido la cabeza contra algún objeto, en la loca
embriaguez que lo dominaba…”
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